Foto: Saleta Castro (triatleta profesional)

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Por Hilario Real Millas (www.edlitamcoaching.com)

Terminar con una relación implica multitud de cambios, diferentes emociones y sentimientos que nos pueden llevar a estados de ánimos no deseados durante demasiado tiempo. Una nueva realidad se nos presenta y es nuestra responsabilidad gestionarla de la manera más efectiva.
Cuando se sufre una separación es fácil cegarse en los “por qué” y mirar el futuro con cierta incertidumbre y desencanto. Podemos canalizar nuestra energía en demostrar a los demás que somos capaces de tener una nueva vida o escucharnos, aceptar, sentir, gestionar y volver a tener bienestar con nosotros mismos y los demás.
Entrenar me ayudó a superar una ruptura y ésta a su vez me hizo entrenar más fuerte.

Hace casi un año y medio sufrí una ruptura. Me costaba aceptar que la situación había cambiado, los “por qué”, la manera de afrontar el futuro y los trastornos del cambio de situación me hacían vivir en un péndulo de emociones y continua ansiedad. Experimentaba momentos de mucha rabia, tristeza e incertidumbre mezclados con otros de euforia; alternando el rol de víctima con el de culpable. Las emociones brotaban en cada sesión de entrenamiento y traté de hacer de ellas un aliado. Cuando me sentía eufórico era capaz de correr a ritmos que sin sentir todo aquello difícilmente hubiese sido capaz de aguantar. Por otro lado, cuando sentía rabia podía entrenar mucho más fuerte sin notar fatiga.

En aquellos turbulentos días el deporte era un bálsamo, los entrenamientos me hacían sentir menos vulnerables. Cualquier pensamiento “tóxico” perdía importancia cuando entrenaba. Durante la actividad física era capaz de encontrar respuestas y de ser positivo. Sentía momentos de satisfacción en días de tristeza, fortaleza en épocas de debilidad. Cuando mi pulso estaba por encima de 180 ppm encontraba mejores soluciones que cuando estaba en reposo, el dolor en mis piernas me producía más bienestar que cualquier otra cosa. Mi mente empujaba a mi cuerpo de una manera diferente, llevando el sufrimiento más allá de los límites que yo mismo creí que tenía; a veces no podía creer lo que mi Garmin mostraba. Cuando volvía a la calma después de aquellos entrenamientos agónicos, era capaz de poner nombre a lo que me sucedía, aceptarlo, quitarle hierro e incluso ironizar sobre todo lo que había sentido. Puedo afirmar que entrenar me ayudó a superar la ruptura y que ésta me hizo entrenar más fuerte que nunca.

Romper una relación sentimental genera emociones intensas que hacen que se eleve la producción de adrenalina y predispone fisiológicamente nuestro cuerpo para huir o luchar como cualquier otra amenaza. La adrenalina que generan las emociones puede ser utilizada en la actividad física o permanecer en nuestro organismo y generar estados de ansiedad. La práctica de ejercicio de forma habitual reduce el estrés que una ruptura traumática puede acarrear.

Un mes después de terminar con mi pareja empecé a ver la ruptura como algo normal, dejé de sentirme vulnerable, triste, irascible y ansioso. Mis emociones se estabilizaron y podía hablar con ella con toda normalidad. Recuerdo que en esa época estaba entrenando para correr la media maratón de Melbourne, en aquella carrera logré mi mejor marca en la media maratón.