“LOS BAÑOS DE HIELO PUEDEN BLOQUEAR LA REGENERACIÓN MUSCULAR Y CONLLEVAR RIESGOS CARDIOVASCULARES SIN LA SUPERVISIÓN ADECUADA”

 

La inmersión en hielo se ha popularizado enormemente entre el público general, principalmente entre los jóvenes, impulsada en gran medida por la viralidad y el efecto visual, llevando a personas aficionadas a adoptar estas rutinas profesionales. Ante esta tendencia, Carlos Revuelta, director del Máster de Alto Rendimiento Deportivo de la Universidad Europea, señala que «el auge de las redes sociales hace que estas prácticas llamativas lleguen a contextos para los que no se diseñaron, donde quienes quieren cuidar su salud intentan adaptar hábitos de alto rendimiento».

 

Al sumergir el cuerpo en agua a temperaturas cercanas a los cero grados, el organismo experimenta una fuerte reacción fisiológica de protección frente al entorno hostil. «Lo primero que se produce es una vasoconstricción destinada a que la sangre vaya a los órganos vitales, provocando además un aumento brusco de la presión arterial, hiperventilación y un incremento de la frecuencia cardíaca para intentar mantener las funciones vitales», explica el docente.

Esta respuesta natural de supervivencia puede representar un peligro significativo para personas con condiciones de salud subyacentes, especialmente si la inmersión se realiza en solitario o sin medidas de seguridad. Revuelta alerta de que el shock térmico inicial exige extrema precaución, ya que «personas con cardiopatías, problemas de hipertensión, de avanzada edad o embarazadas deberían evitar estas actividades y asegurarse con un chequeo médico previo».

«Si hay enrojecimiento excesivo de la piel, si la hiperventilación del inicio no se calma a los pocos minutos o si la frecuencia cardíaca no se estabiliza, son síntomas de que algo no va bien y puede llegar a ser muy peligroso, perdiendo incluso la sensibilidad, la visión o la coordinación», detalla el experto sobre los motivos ineludibles para salir inmediatamente del agua.

Una de las principales popularizaciones de esta práctica reside en el uso del frío extremo para reducir la hinchazón tras el ejercicio, un proceso que no siempre es favorable si se busca el desarrollo físico. «Si la inmersión en agua fría bloquea la respuesta inflamatoria, natural y necesaria para la recuperación del músculo, estaremos impidiendo que se produzcan las reacciones que pretendíamos», explica.

Otro malentendido habitual entre los usuarios no profesionales es pensar que someter al cuerpo a un entorno más extremo asegura mejores resultados, buscando replicar la euforia mental reportada tras la práctica. «El error de “cuanto más mejor” es típico, pero los estudios hablan de tiempos de entre 10 y 15 minutos a temperaturas controladas de entre 10 y 15 grados», apunta, ya que la euforia sentida se debe sencillamente a que después del shock se liberan norepinefrina, dopamina e incluso serotonina.

Frente a la búsqueda constante de atajos rápidos para el bienestar físico impulsados por Internet, la recomendación profesional pasa por la importancia de un estilo de vida sólido sin recurrir a métodos drásticos. «Comer bien, dormir, mantenerse activo y mentalmente estable son situaciones suficientes para estar sano; a veces abrazamos soluciones milagro, pero meterse en agua fría no arreglará por sí misma todos los malos hábitos que tenemos», concluye director del Máster de Alto Rendimiento Deportivo de la Universidad Europea.