UN ANÁLISIS DE ADN MITOCONDRIAL PODRÍA REVELAR CÓMO TU CUERPO SE ADAPTA AL EJERCICIO

  • La cantidad de ADN mitocondrial en la sangre está directamente relacionada con la capacidad aeróbica y aumenta notablemente tras un programa de entrenamiento de alta intensidad de solo seis semanas, según el estudio
  • «Un programa de alta intensidad de solo 6 semanas eleva notablemente el ADN mitocondrial, clave para entender cómo cada persona se adapta al entrenamiento», afirma Catalina Santiago-Dorrego, catedrática de Genética en la Universidad Europea

El ADN de las mitocondrias, conocidas como las «centrales energéticas» de nuestras células, se ha revelado como un nuevo y fiable indicador en sangre para medir la adaptación del cuerpo al entrenamiento. Así lo demuestra el estudioAdaptation of mtDNA content to endurance training, a cross-sectional study and an endurance training interventionen el que ha participado la Universidad Europea junto con la Universidad Complutense y la Politécnica de Madrid. “Este hallazgo supone un complemento eficaz a la tradicional prueba de esfuerzo que mide la capacidad aeróbica máxima (VO₂max)”, afirma Catalina Santiago-Dorrego, catedrática de Genética, coautora e investigadora principal del ESBIDA (Ejercicio, Salud y Biomarcadores Aplicados) Research Group de la Universidad Europea.

La investigación observó que los corredores con un alto nivel de entrenamiento tienen una cantidad de ADN mitocondrial (mtDNA) en sus células sanguíneas mucho mayor que la de personas sedentarias. Según explica la docente y coinvestigadora principal del ESBIDA Research Group de la Universidad Europea, Tamara Iturriaga, esto “significa que sus células son mucho más eficientes produciendo energía, lo que se traduce en una mayor resistencia y capacidad para soportar esfuerzos prolongados”. Esto nos da una ‘foto’ directa de la plasticidad celular, e información sobre los mecanismos moleculares en la adaptación al ejercicio”, detalla lturriaga.

Para poner a prueba su hipótesis, el equipo de investigadores puso en marcha un programa de entrenamiento de intervalos de alta intensidad (HIIT) durante seis semanas con 32 personas que no hacían ejercicio de forma regular. Se dividieron en dos grupos: 17 personas siguieron un plan de intervalos de alta intensidad (HIIT) y 15 formaron un grupo de control sedentario. Al finalizar, los resultados del grupo activo fueron dobles: mejoraron notablemente su capacidad aeróbrica (VO₂max) y, lo más revelador, su ADN mitocondrial en sangre aumentó de media un 321.6%, un incremento abrumador comparado con el 12.8% del grupo de control.

«El ADN mitocondrial podría actuar como un chivato, un marcador que nos indica de forma indirecta que se están creando nuevas mitocondrias y que, por tanto, el cuerpo se está adaptando al ejercicio», explica Santiago-Dorrego. Sin embargo, los investigadores señalan que la respuesta no es igual para todos. Tras las seis semanas de entrenamiento, detectaron una alta variabilidad, con cerca de un 30% de participantes que apenas mostraron mejoras. Esto podría deberse al sobrepeso como causa, ya que “vimos una relación clara entre la falta de respuesta y una composición corporal menos favorable. Las personas con un mayor Índice de Masa Corporal (IMC) y un porcentaje de grasa más elevado tendían a no mejorar”, detalla la catedrática de la Universidad Europea.

La medición del ADN mitocondrial se confirma como una herramienta no invasiva y accesible que, lejos de reemplazar, potencia la clásica prueba de esfuerzo. Abre una nueva ventana para observar la eficiencia de nuestro cuerpo y, como concluye la docente y coinvestigadora principal del ESBIDA Research Group de la Universidad Europea, Tamara Iturriaga, nos acerca a un futuro donde se podrán “personalizar los programas de ejercicio físico para que sean más efectivos”.