Texto, fotos y video: ApperStudio
Skiers: Alvaro Penadés & Pol Tarrés
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Cuatro días en Isère, situada en los Alpes franceses, para disfrutar del invierno en dos de las estaciones más grandes del departamento, conocidas por su gran cantidad de horas de sol.
Esquiar antes de que amanezca, volar en silencio sobre un valle alpino, encadenar descensos interminables y terminar el día cenando en lo alto de la montaña. Así se vivieron cuatro días en Les 2 Alpes y Alpe d’Huez, en el corazón del Isère, una experiencia que mostró que el invierno en estas dos estaciones va mucho más allá de subir y bajar pistas.
El viaje arrancó en Les 2 Alpes antes de la salida del sol, con una de esas experiencias que marcan un destino: ser los primeros en pisar las pistas. Con la nieve recién trabajada y la estación completamente vacía, el esquí se convirtió en algo casi íntimo. Giros largos sobre nieve perfecta mientras el cielo cambiaba de color y el glaciar empezaba a iluminarse. La altitud del dominio, con gran parte del terreno por encima de los 2.100 metros y un punto máximo de 3.600 m, se tradujo en unas condiciones excepcionales durante toda la jornada, incluso en una de las semanas más frías del invierno.
Ese primer día también permitió descubrir uno de los rincones más sorprendentes de la estación: una cueva natural de hielo dentro del glaciar, por la que incluso se puede esquiar. Un espacio silencioso, de tonos azules intensos, que recuerda constantemente que aquí la alta montaña es protagonista. La jornada continuó en las zonas más elevadas del dominio, con pistas anchas y pendientes suaves sobre el glaciar, y terminó en el Belvédère des Écrins, situado a 3.400 m de altitud, una pasarela suspendida con vistas abiertas a un mar de picos nevados.
El segundo día en Les 2 Alpes amplió la experiencia más allá del esquí. Tras una mañana de primeras huellas y alguna parada en el snowpark, llegó uno de los momentos más especiales del viaje: volar en parapente con esquís puestos. Esperar a que el viento diera una tregua, lanzarse por una rampa empinada y, de repente, el silencio. Flotar sobre el valle, rodeado de montañas, con el pueblo de Les 2 Alpes abajo, fue una de esas vivencias difíciles de olvidar.
La jornada continuó en el aire, esta vez con un traslado en helicóptero hasta Alpe d’Huez. Ver desde arriba los valles, las crestas y la inmensidad del Isère aportó una nueva dimensión al viaje. Ya de noche, la actividad no se detuvo: mountain kart por la tarde, diversión pura sobre la nieve al más estilo “Mario Kart”, y una cena en lo alto de la estación a la que se llegó en snowcat pusieron el broche a un día intenso y variado.
Alpe d’Huez fue el escenario de los dos últimos días. Uno de los grandes protagonistas fue La Sarenne, la pista negra más larga de Europa: 16 kilómetros y cerca de 2.000 metros de desnivel continuo. Un descenso que parece no terminar nunca y que permite sentir de verdad la escala de las montañas. El contraste entre las zonas altas, expuestas y frías, y el tramo final siguiendo un valle y un rió completamente helado añadió carácter a una de las bajadas más icónicas de los Alpes franceses.
El último día combinó juego, retos personales y esquí de largo recorrido. Desde repetir La Sarenne siendo los primeros en esquiarla hasta descubrir pequeñas tradiciones locales, probar trineos sobre raíles o enfrentarse a nuevos desafíos en instalaciones de freestyle. El viaje se cerró con un descenso ininterrumpido desde los 2.700 metros hasta Vaujany, casi 1.500 metros de desnivel sin parar, con las piernas ya ardiendo y la sensación de haber exprimido cada rincón de toda la estación.
Cuatro días en Les 2 Alpes y Alpe d’Huez que demostraron que la región del Isère es un destino donde el invierno se vive de muchas maneras: sobre esquís, en el aire, de noche, jugando, explorando y, sobre todo, sintiendo la montaña desde dentro, muy cerca de España en cualquier tipo de transporte: coche, tren o avión.
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