“De la Teoría a la Práctica: El proceso de entrenamiento en el atleta aficionado”

Artículo publicado en la revista Sportraining nº 86 (septiembre/octubre 2019).

Autores: Claudia Cardona González y Javier Olaya Cuartero. www.allinyourmind.es

 

Somos muchos los graduados en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte que hemos cursado asignaturas de Gestión, Dirección y Entrenamiento Deportivo. Sin embargo, no son tantos los que crean y gestionan un grupo de entrenamiento de deportistas, ya sea nivel amateur o de alto rendimiento. Dado que hemos tenido la oportunidad de visitar a Jonathan Esteve y la marca All in Your Mind (AIYM) en México, en este artículo explicaremos el proceso general para preparar a un deportista de resistencia aficionado.

 

Contrato

Aunque pueda parecer extraño, lo primero que debemos considerar es establecer una correcta y seria relación entrenador-deportista. Por ello se debería establecer un contrato. Puede haber diferentes formatos, pero finalmente es un acuerdo entre las voluntades de ambas partes. En ese documento se especifican servicios, precios, plazos y formas de pago.
Hacer esto antes de comenzar el proceso de entrenamiento puede evitar futuros malentendidos y dará seriedad al trabajo. Al pagar por un entrenamiento, fomentamos por una parte compromiso del deportista, y por otra le permitimos exigir por un servicio en unas determinadas condiciones.

Entrevista inicial

Aunque de manera natural se produzca un primer acercamiento antes de contratar un servicio de entrenamiento, en AIYM recomiendan que la Entrevista Inicial, de manera formal, se realice posterior a la firma del contrato. Esto nos puede ahorrar el disgusto de dedicar una hora de nuestro tiempo a valorar el caso de un deportista que finalmente no tuvo interés de entrenar con nosotros.

Por nuestra parte, no sería profesional en un proceso de entrenamiento el desconocer antecedentes importantes para el mismo. El momento para recabar toda esa información es dicha entrevista, que se realiza previa a cualquier otra parte del proceso. Por ejemplo, sería un grave error desconocer los antecedentes de lesiones previas cuando el deportista ya llevaba entrenando con nosotros un tiempo.

En AIYM tienen un formulario digital muy completo, que incluye el cuestionario previo a la práctica de actividad física (PAR-Q) (Thomas, Reading & Shephard, 1992), la estratificación del riesgo cardiovascular, valoración sensorial, otros riesgos y factores, antecedentes de lesiones, antecedentes deportivos generales y de entrenamiento de fuerza (Jiménez, 2004), antecedentes específicos de su deporte y palmarés, objetivos próximos, disponibilidad horaria, recursos materiales, grado de apoyo social y entrenamiento reciente. Toda esta información debe estar accesible para el entrenador o el grupo de entrenadores con los que trabaje el atleta, y algunos apartados deben ir actualizándose. 

 

Planificación del entrenamiento

A través de la información previa, y en algunos casos a partir de evaluaciones específicas, se deben establecer objetivos de la preparación. Estos objetivos deben pactarse con el deportista, y deben suponer algo exigente y al mismo tiempo razonable en cuanto a las posibilidades del atleta. Se deben identificar por una parte objetivos generales, como por ejemplo mejoras de una marca o disputar un determinado evento. También se deben establecer otros más específicos, orientados a mejoras de determinados aspectos del rendimiento. Y se recomienda también establecer objetivos operativos, mucho más concretos, que al ser cumplidos permiten alcanzar los específicos (por ejemplo, una simulación de competición o tests satisfactorios).

Una vez establecidos los objetivos, se establecen todas las competiciones de la preparación, tanto principales como secundarias. También deben ubicarse las evaluaciones. Estas evaluaciones incluyen tanto las que permiten identificar alguna necesidad determinada, como las que sirven para monitorear los progresos.

Una vez recogida esta información ya se puede periodizar la temporada y estructurar los bloques de trabajo para conseguir los objetivos generales y específicos. En este punto es cuando elegimos uno o varios modelos de periodización, y preparamos ciertas directrices como los volúmenes o carga global, y los contenidos de entrenamiento.

 

Evaluación del rendimiento y zonas de entrenamiento

Como indicamos en el apartado anterior, hay que planificar las evaluaciones, incluyendo aquellas que son esenciales para empezar a programar un entrenamiento.
Más importante aún, y complementario a la información de la Entrevista Inicial, hay que descartar el riesgo de algún tipo de padecimiento cardiológico o del sistema cardiovascular en general. Siempre que se tenga la posibilidad, es preferible una evaluación inicial de deportistas mediante una ergoespirometría (o “análisis de gases”), la cual puede acompañarse de evaluaciones de lactato en sangre capilar, y que, al menos una vez al año, debe incluir el registro electrocardiográfico y su interpretación por parte de un médico especializado.

Para ello, se recomienda canalizar o llegar a un acuerdo con un centro médico. Una vez establecido ese enlace, es importante que el entrenador tenga claro qué variables necesita, y coordinarse con el responsable de la prueba para aplicar un protocolo adecuado al atleta.
Siempre hay limitaciones cuando se elige un protocolo, desde qué información se obtiene a la fiabilidad de los instrumentos de medición. Hay que procurar condiciones óptimas de la evaluación y del estado en el que llega el deportista a la misma, y si no fueran ideales, medirlas siempre “igual de mal”. Si no es posible contar con un analizador de gases o de lactato, la evaluación se llevará a cabo mediante un protocolo específico del deporte, utilizando una carga de trabajo (velocidad o potencia) y registrando la percepción subjetiva del esfuerzo, y frecuencia cardiaca.

En el caso de AIYM, realizan una valoración del metabolismo de reposo, seguido de un calentamiento y evaluación de la eficiencia energética, y finalmente un protocolo incremental hasta el agotamiento. Estas mediciones permiten identificar información para establecer requerimientos personalizados por parte del nutricionista.

Cuando se trate de triatletas, como es el caso de la deportista que aparece en las evaluaciones de este artículo, será necesario una evaluación para cada segmento, ya que es recomendado que el rendimiento se evalúe de forma específica a cada disciplina (Carey, Tofte, Pliego & Raymond, 2009).
Por ejemplo, un test de 7×200 a ritmos crecientes en natación, con registro de percepción, lactato y frecuencia cardiaca (ver foto 3), o la ergoespirometría en ciclismo (ver foto 4) y carrera (ver foto 5).

FOTO 3
FOTO 3

 

FOTO 4
FOTO 5
Programa de entrenamiento personalizado

Con toda esa información, debemos concretar ya la periodización del entrenamiento, independientemente del modelo que sigamos, con objetivos y contenidos concretos en cada mesociclo. En AIYM utilizan el modelo de Periodización por Objetivos, de modo que primero valoran si alguno de los factores que limitan el rendimiento de aquella distancia que se va a preparar pudiera estar menos desarrollado que aquellos factores que definen más directamente el rendimiento. Esto lo trabajan en la preparación general. Posteriormente, se centran en compensar aquél factor que sea determinante del rendimiento pero que esté menos desarrollado. Eso también se hace en preparación general. Y finalmente se trabaja también, durante la fase específica, el desarrollo de los demás factores determinantes del rendimiento de aquella modalidad para la que se orienta el macrociclo. Lógicamente este modelo es compatible con diferentes modelos de distribución de volumen, de distribución de la intensidad, y según el calendario de competiciones se presenta a modo de bloques o de distribución ondulante de contenidos.
Y especialmente en pruebas largas, hay que coordinar con el/la nutricionista la periodización nutricional. Y si aplica el caso, los objetivos de trabajo con el psicólogo/a del deporte.

 

Control y cuantificación de la carga

Podemos desarrollar un programa fantástico en nuestro ordenador, pero lo que finalmente vale es aquello que realmente cumple nuestro deportista. Por ello es imprescindible que el entrenador monitoree el proceso, en lo que se conoce como “control del entrenamiento”. Esto puede ser muy extenso o muy básico (desde utilizar herramientas de software complejas hasta anotar datos concretos en un cuaderno), pero de todas las maneras es información muy valiosa para decidir, cuando menos, qué será lo siguiente que programemos al deportista, o qué le corregimos del programa que ya estaba planificado.

Una parte del control del entrenamiento es la cuantificación del mismo. Esto tiene que ver tanto con lo que se programa como con lo que se realiza.

En AIYM utilizan el método ECOs-ECSs basado en multiplicar el tiempo en minutos acumulado en cada zona por un factor de Intensidad (FI) de cada zona (Figura 1), y por un Factor de Ejercicio (FE) (Natación 0.75, Ciclismo 0.5 y Carrera 1) resultando en la suma total de las cargas. Este modelo lo han actualizado incorporando el valor de la pausa respecto a densidades estándares por zona, y la duración de las repeticiones respecto al tiempo límite, entre otros. 

 

Preparación de la competición

Cuando mandamos a un deportista “a la guerra” (es decir, a la competición), hay que hacerlo después de establecer un plan. Esta estrategia debe ser consensuada con el entrenador, y establecerse cuando esté ya muy cerca la competición, dado que tenemos mejor perspectiva de todo lo acontecido anteriormente. No podemos aferrarnos al objetivo de principios de temporada si, por ejemplo, nos acabamos de lesionar o, por el contrario, sentimos que estamos mejor de lo esperado. También hay que prever ciertas circunstancias que puedan ocurrir, y dejar una parte abierta a la toma de decisiones del atleta en competición. En cualquier caso, cuanta más previsión hagamos, más confiado puede estar el atleta. Y es algo que le ayuda a disminuir la ansiedad que se produce por el hecho de la cercanía de la competición y de estar entrenando menos debido a la reducción de cargas previa al evento (‘tapering’).

Algunas variables habituales condicionan el desarrollo de la competición, como pueden ser la duración de la prueba, los objetivos de la prueba (ganar o hacer mejor marca), condiciones meteorológicas y climáticas, oscilaciones de intensidad debido al perfil o condiciones meteorológicas de la prueba o al comportamiento de los rivales, las características personales a nivel fisiológico y a nivel mental, la percepción del esfuerzo en la parte inicial y el grado de fatiga mental acumulado antes de la parte decisiva.

Es recomendable considerar además que esto se coordine con la estrategia nutricional y, si aplica el caso, con el trabajo del psicólogo/a.

 

Evaluación del proceso

El proceso de entrenamiento es cíclico, ya que una vez se completa la temporada debemos reunirnos con el deportista para analizar cómo se ha desarrollado la misma, y establecer nuevos objetivos. En este proceso, periódicamente evaluamos los niveles de rendimiento, actualizamos las zonas de intensidad individuales y sus requerimientos energéticos. Con todo ello vamos modificando los objetivos y preparando programas de entrenamiento personalizados, de manera que el deportista pueda mejorar lo que consideremos “máximo posible”.

Para mas información de todo este proceso sugerimos consultar el libro “Manual para entrenar deportes de resistencia” publicado por AIYM.

 

 

Bibliografía:

– Busso, T. (2003). Variable dose-response relationship between exercise training and performance. Medicine and science in sports and exercise, 35(7), 1188-1195.

– Carey, DG, Tofte, C, Pliego, GJ, and Raymond, RL. Transferability of running and cycling training zones in triathletes: implications for steady-state excercise. Strength Cond 23: 251–258, 2009.

– Cejuela Anta, R, & Esteve-Lanao, J. (2011). Training load quantification in triathlon. Journal of Human Sport and Exercise, 6(2), 218-232.

– Jiménez A. Entrenamiento Personal: Bases, fundamentos y aplicaciones. INDE, Barcelona 2005. Pp 199-224.

– Thomas, S., Reading, J., & Shephard, R. J. (1992). Revision of the physical activity readiness questionnaire (PAR-Q). Canadian journal of sport sciences.

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