Artículo publicado en la revista Sportraining nº 75 (enero-febrero 2018)

Fotos: Diego Santamaría www.santafotografia.com

 

Hemos reunido a cuatro grandes expertos en el triatlón de distancia Ironman (3,8 km nadando + 180 km pedaleando + 42 km corriendo), a los que hemos realizado 10 preguntas con el objetivo de que nos cuenten cómo debe ser la preparación para competir en la mítica distancia. Sin ninguna duda, muy interesantes todas sus respuestas.

 

JAIME MENÉNDEZ DE LUARCA. Reconocido y afamado entrenador de triatlón en España. Entrenador de Triatlón Nivel ITU desde 2000. Licenciado en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte. Doctorado en Fisiología del Ejercicio. Triatleta desde 1990. 19 veces Ironman finisher.
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ENEKO LLANOS BURGUERA. Triatleta profesional de alto nivel internacional, que cuenta en su palmarés con éxitos tan importantes como subcampeón del mundo Ironman, campeón del mundo larga distancia, campeón de Europa Ironman, tres veces campeón del mundo Xterra, dos veces olímpico, etc. Es también Entrenador Nivel III por la Federación Española de Triatlón, aunando conocimiento y experiencia en su labor.
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PABLO CABEZA. Entrenador nivel III de triatlón con una larguísima experiencia entrenando a triatletas de larga distancia de todos los niveles. Como triatleta 7 veces finisher Ironman Lanzarote y pódium Age Group. 2 veces finisher Ironman Hawaii.
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CARLES TUR. Licenciado en Ciencias de Actividad Física y el Deporte, Graduado en Fisioterapia, Grado en Nutrición Humana y Dietética, Máster en Fisiología Integrativa. Entrenador de Alto Rendimiento, llevando a deportistas de la talla de Miquel Blanchart, Carlos López, etc. Ha sido preparador físico en el CAR de Sant Cugat. Profesor colaborador en el Máster de triatlón del INEFC de Barcelona. Profesor colaborador de IEWG.
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En la preparación para un Ironman, ¿periodización inversa, tradicional, polarizada, bloques, cargas regulares…?

J. MENÉNDEZ DE LUARCA. Los sistemas de entrenamientos son como las dietas, de los que de todos se puede sacar algo bueno pero seguirlos como “monocultivo” es muy limitante. A mí me gusta beber de todas las fuentes y aplicarlas en función del deportista y su experiencia y características, tanto físicas como mentales. Sí que uso principios de periodización inversa en deportistas con experiencia y con los que ya llevo tiempo trabajando, pero también utilizo la carga por bloques y los ciclos de impacto así como determinados trabajos específicos en los aspectos que más carencias demuestre el deportista.

E. LLANOS. Lógicamente en función de cada triatleta y cada individuo, pero en líneas generales, para un periodo de 20-24 semanas, el tipo de planificación que aplico se asemejaría a la periodización inversa. Un primer mesociclo de base donde damos mayor relevancia al trabajo de velocidad, seguido de VO2max y umbral, para continuar con un mesociclo más específico donde trabajamos más los ritmos de competición y las tiradas más largas. Trabajando de lo general a lo específico, dándole mayor importancia a esto último pero dotando al triatleta de un amplio abanico de “herramientas” que pueda aplicar. También creo que esta forma de trabajo es la que mejor se adapta a nuestro clima, donde el invierno no suele ser el mejor momento para entrenar al aire libre si estamos preparando un Ironman. Aun así, puede que haya momentos donde utilice más el entrenamiento polarizado, bloques u otro tipo de planificación. Veo interesante y necesario tener una idea y guía del trabajo a realizar en cada momento pero siempre con la flexibilidad y la necesidad en muchos casos de tener que variar lo planificado. Por lo tanto no le doy mayor importancia al tipo de planificación y sí a que lo planificado tenga un sentido y un motivo, aunque esto no encaje dentro los esquemas conocidos del entrenamiento.

P. CABEZA. Dependiendo del tipo de triatleta (con poca experiencia en la distancia o con experiencia), empleo bien una periodización tradicional o bien una periodización inversa. En el primer caso, sobre todo tradicional en lo referido a la intensidad, siempre de menos a más, el volumen por supuesto iría de menos a más y por tanto no sería la periodización tradicional clásica. Teniendo en cuenta que lo específico en Ironman es el volumen, y siempre después de una primera fase de acondicionamiento (pretemporada), lo lógico es aplicar una periodización inversa, siempre que el objetivo sea un máximo de dos Ironman al año. De la intensidad al volumen. Actualmente no entreno a ningún triatleta con licencia profesional que aborde 3 ó más Ironman al año, si así fuera tal vez en algún caso me decantara por una planificación en bloques ATR. Con algún triatleta con experiencia y dependiendo de sus objetivos, me puedo decantar por una periodización por bloques.

C. TUR. La periodización que escojo varía en función del nivel del triatleta y época del año en la que está. Por lo habitual me gusta realizar un período más general al inicio del año y luego una periodización más tipo ATR o por bloques. Para la distribución de la intensidad me decanto por un trabajo más polarizado. Respecto al trabajo de fuerza está presente todo el año tanto a nivel preventivo como de mejora del rendimiento.

 

¿Con cuántas semanas consideras que es lo más adecuado realizar una planificación específica para un ironman? ¿Y cómo distribuimos éstas, a rasgos generales?

J. MENÉNDEZ DE LUARCA. Para un triatleta que compite en esta distancia una vez al año suelo empezar la carga específica a 20 semanas de la prueba. Antes intento que se olvide de dicho Ironman y normalmente de la semana -9º a la -3º aplico semanas muy duras que pueden ser de 2:1 ó 3:1, en los que tienen más tiempo para el descanso.

E. LLANOS. 20-24 semanas creo que sería lo ideal. Un primer periodo preparatorio de duración variable en función de las circunstancias, 8-12 semanas de entrenamiento de base (enfatizando el trabajo de VO2max y umbral, en función del nivel y la experiencia del deportista), 6-8 semanas de desarrollo (enfatizando el trabajo a ritmos de competición) y 2 semanas de puesta a punto.

P. CABEZA. Considero que en el entrenamiento para esta distancia, al igual que para la vida deportiva de cualquier deportista de resistencia, todos los detalles cuentan. No solo es importante la parte específica de la preparación, sino cualquier detalle del entrenamiento, por inespecífico que sea, e indistintamente del periodo en el que se realice. De lo trabajado en el periodo de base depende directamente la capacidad de asimilar los contenidos más específicos. A grandes rasgos, hablamos de los siguientes periodos: Periodo Preparatorio I (base): 10 semanas, Periodo Preparatorio II (fundamental): 10 semanas, Periodo específico: 8 semanas, Pico: 3 semanas, Competición: semana final. Total: 32 semanas. Para un segundo Ironman en el periodo anual, adaptaremos estos periodos.

C. TUR. Mínimo considero que para preparar un Ironman si se empieza una temporada es unos 6 meses; otro tema es si ya se ha realizado alguna competición antes y se está a mitad de temporada. La distribución que me gusta hacer sería un período de base o acumulativa, uno de transformación o específico y una fase final más corta competitiva o de realización. Estas fases pueden ser más o menos largas en función del nivel del deportista y su experiencia, la Intensidad la trabajo desde el inicio con ritmos más altos de potencia o velocidad para ir bajando está intensidad y alargando el tiempo a medida que avanza la planificación, es decir, siguiendo los principios de la periodización inversa. En la parte final ajustamos el tapering en función de lo que ha trabajado y el tipo de triatleta que es, ya que algunos necesitan mayores descargas que otros para llegar en óptimas sensaciones a la competición. También esta descarga irá en función de las competiciones y lo cargado que haya sido ese año. Esta planificación siempre me gusta consensuarla con el deportista e ir analizando las sensaciones subjetivas y objetivas a medida que se va cumpliendo el año, así determino y escojo la mejor planificación para él.

 

¿Qué parámetros para el control de la carga son los que consideras más importantes?

J. MENÉNDEZ DE LUARCA. La carga la controlo por volumen e intensidad, intentando aplicar TSS con vatios y velocidad en bici y corriendo, y por volumen e intensidad en natación.

E. LLANOS. Volumen (metros en natación, tiempo en bici y carrera a pie) e intensidad (velocidad en natación, Vatios y FC en bici, velocidad y FC en carrera a pie). A partir de estos parámetros puedo obtener otros como TSS, CTL, ATL… (utilizo la plataforma de Training Peaks y WKO+) que me parecen interesantes para el control del entrenamiento. Sin olvidar que lo más importante es la comunicación con el/la deportista y lo que nos transmita.

P. CABEZA. Tiempo total del ciclo de entrenamiento, tiempo por segmentos, volumen en kilómetros por segmento, frecuencia cardiaca en reposo, frecuencia cardiaca media de las tareas de entrenamiento, tiempos cronométricos, vatios en ciclismo (vatios medios, vatios normalizados…).Y lo más importante, transmisión de las sensaciones, estado general… mucho más importante a veces que los datos.

C. TUR. Tanto los objetivos como los subjetivos. A nivel objetivo trabajo con los TSS, volumen, cantidad de intensidad pautada, densidad del trabajo de series; a nivel de fatiga objetiva llevo dos años valorando la variabilidad cardíaca que me proporciona un buen feedback. Por otro lado me gusta mucho que el deportista a nivel subjetivo me transmita sus sensaciones de cómo está asimilando las cargas de entrenamiento y cómo se encuentra. Creo que muchas veces las sensaciones del deportista son el mejor termómetro de cómo se encuentran, no hay que olvidar que muchos triatletas llevan muchos años de entrenamiento y se conocen a la perfección, creo que es vital no obviar la vía subjetiva bajo ningún concepto. En mi caso realizo un balance de ambas y escoger las decisiones oportunas en función del balance de los métodos y siempre consensuo la decisión con el deportista.

 

Vamos hablar de horas semanales de entrenamiento… ¿aproximadamente cuál es la media y la máxima tanto en un triatleta popular como en un élite?

J. MENÉNDEZ DE LUARCA. La media de mis deportistas que trabajan 40 horas semanales y tienen un compromiso con el rendimiento, es de 12 horas con picos de 18 en alguna semana de vacaciones; y con los élite una media de 17 horas con picos de 23. Pero son cifras muy aproximadas que varían mucho entre individuos.

E. LLANOS. En líneas generales y hablando de distancia Ironman… Popular: 10-12 de media y 15 de máxima. Élite: 18-20 de media 23-24 de máxima.

P. CABEZA. Dependiendo de las características del triatleta, de su tiempo disponible… 14-15 horas de media y 22-23 horas máximas en un triatleta popular; 22 a 24 horas en un triatleta profesional de media, 35 a 38 horas de máxima.

C. TUR. Un triatleta profesional puede estar entre las 20-25 horas y 35-40 horas en semanas de máxima carga. Un triatleta popular puede ir de 8-10 horas semanales a unas 16-20 horas en semanas de máxima carga, esto por las semanas promedio. Luego, si hay alguna semana de vacaciones, en un triatleta popular se puede ir a alguna semana más o en alguna semana puntual de carga en la preparación de un Ironman. Para mí la clave no son las horas, sino que el trabajo que se realice sea de calidad con un objetivo fisiológico y que sobre todo se asimile.

 

¿Cómo preparas la estrategia ergogénica y nutricional?

J. MENÉNDEZ DE LUARCA. La nutrición la derivo siempre a profesionales de esta rama, y normalmente recomiendo a Carlos Aznar en zona centro y Sandra Sardina en Mediterráneo. Para ergogenia sigo la máxima de Jeukendrup: si es legal no funciona y si funciona no es legal. Siempre que mis deportistas me muestran sus analíticas les remito a un médico deportivo por si fuese necesaria su intervención. Mi intervención aquí es que les pauto los gramos de hidratos de carbono que quiero que ingieran durante entrenamientos exigentes y el modo en el que los deben tomar.

E. LLANOS. La recomendación básica que hago a mis deportistas de larga distancia es que consuman entre 60-90g de hidratos de carbono por hora de competición y entre 600-800ml de líquido. La práctica del plan hidronutricional la incluimos como parte del entrenamiento, especialmente durante el periodo de desarrollo y en los entrenamientos más específicos (transiciones), practicamos con las cantidades y productos que planeamos tomar el día de la competición hasta dar con aquello con lo que el triatleta obtiene su mejor rendimiento y se encuentra más cómodo y seguro. En cuanto a la ergogenia en competición lo único que recomiendo es el uso de la cafeína si el deportista está acostumbrado a su uso y lo tolera bien. Entre 3-5mg por kg de peso es la cantidad habitual, que creo es mejor distribuir a lo largo del evento en diferentes tomas que generalmente se pueden hacer con geles, bebidas o productos nutricionales que ya llevan esta sustancia incorporada.

P. CABEZA. Creo que un entrenador debe centrarse en entrenar, y casi siempre pido al deportista que trabaje con un nutricionista con experiencia en esta distancia. Si no es así, doy unas pautas muy generales de alimentación, y con la ergogenia idem. De cara a la prueba sí adopto en todo caso una estrategia nutricional específica, que gira en torno a los HC que pueden asimilarse en competición por hora de esfuerzo partiendo del peso del triatleta, tantos gramos como peso del triatleta/hora, y realizando algunas modificaciones en cuanto a ingesta en relación a la capacidad de asimilación del deportista. Considero que para conseguir un rendimiento óptimo debe realizarse una sobrecarga final de HC la semana previa, con un empobrecimiento en los primeros días de la semana y dieta rica los últimos días (dieta disociada escandinava adaptada), y una tendencia a entrenar a ritmos específicos una ingesta ligeramente superior de HC (gramos/hora) en relación al peso del triatleta. Mi preferencia es realizar esta ingesta en forma líquida, incluso suprimiendo la ingesta de sólidos, aunque también los gustos del deportista son importantes a la hora de la elección.

C. TUR. En mi caso los deportistas que asesoro tienen nutricionista. Estoy en último curso del grado de nutrición y dietética y no he realizado ninguna prescripción profesional, si el deportista me pregunta y no tiene nutricionista sí le he dado alguna pauta de nutrición o consejo de nutrición en carrera. La verdad que es un tema que me apasiona y espero en 8 meses poder acabar la carrera y juntarlo con el asesoramiento de los entrenamientos ya que creo que es un binomio muy interesante y que van cogidos de la mano. Respecto a la ergogenia, también la llevan los dietistas, o si hay algún problema de anemia un médico deportivo especializado. Creo que es importante que cada profesional se dedique a su “campo” y en mi caso prefiero que lo lleve un profesional titulado hasta la finalización de los estudios.

 

Dentro del proceso de entrenamiento, si hablamos de porcentajes del tiempo total… ¿qué importancia le das a cada uno de los tres segmentos?

J. MENÉNDEZ DE LUARCA. Aunque cada respuesta es individual, en números redondos 25% natación, 50% ciclismo y 25% carrera.

E. LLANOS. De nuevo en líneas generales y obviando la individualidad de cada deportista, los porcentajes del tiempo dedicado al entrenamiento de cada disciplina serían en torno a: 18-22% natación, 55-60% ciclismo, 20-22% carrera a pie.

P. CABEZA. Esto va variando en relación a los periodos de entrenamiento. En el periodo específico de entrenamiento la bici puede constituir el 60% del total de trabajo, la carrera el 30% y la natación el 10% del tiempo total. En el periodo preparatorio 1 y 2 los porcentajes fluctúan, siempre con mayor preponderancia en el tiempo total para la bici, pero con algo más de importancia para la natación en el periodo preparatorio 1 y para la carrera en el periodo preparatorio 2.

C. TUR. Depende, en primer lugar si es profesional o amateur. En los profesionales si quieren disputar la carrera profesional deberán nadar bastantes metros, sobre todo si no son buenos nadadores. En el caso de un amateur puede prescindir de realizar estos metros ya que no tiene la presión tan exigente de salir en cabeza por exigencias de ganar la competición; otro tema son los amateurs que quieran buscar llegar arriba en un Ironman. Por tanto, creo es clave que el entrenador analice el potencial del triatleta en los tres segmentos y realice una distribución de los tiempos acorde a sus necesidades y así conseguir un triatleta lo más equilibrado posible.

 

¿Y el entrenamiento de fuerza? ¿Cómo lo planificas?

J. MENÉNDEZ DE LUARCA. En personas con poco tiempo intento que hagan al menos una sesión semanal, por las dos que realizan los élites. Trabajan bastante la fuerza máxima y las cargas que tradicionalmente se han conocido como “hipertróficas” (una expresión que a mí no me gusta).

E. LLANOS. A rasgos generales, una primera fase de “Fuerza General” (a realizar en los mesociclos preparatorios y base), una segunda de “Fuerza Máxima” (parte del mesociclo de desarrollo) y una tercera fase de ”Mantenimiento” (parte del mesociclo de desarrollo y competición). En triatletas populares valoramos la necesidad y/o posibilidad de trabajar la fuerza de forma específica. El trabajo de fuerza general lo incluyo en todos los casos posibles, el resto en función del tiempo y disponibilidad del deportista.

P. CABEZA. Dependiendo del periodo, trabajamos distintos contenidos. En el periodo preparatorio de base trabajamos con cargas que van del 40 al 60% de 1RM en régimen de fuerza resistencia, buscando una adaptación a este tipo de trabajo con objetivos genéricos. En el periodo preparatorio fundamental, en las primeras semanas una fase de adaptación a la fuerza máxima. Posteriormente en este periodo, 2 sesiones semanales de fuerza máxima, en el que las cargas son aproximadamente el peso corporal del deportista, realizando entre 3 y 5 repeticiones, de 3 a 5 series, de los principales grupos musculares. En el periodo especifico y semanas pico, trabajamos un mantenimiento de fuerza, 2 a 3 series de 8 a 10 repeticiones de los principales grupos musculares al 60- 80% del peso corporal, 1 sesión semanal, máximo 2, combinadas con trabajos posturales y de core. La semana de la competición suspendemos todo entrenamiento de fuerza. Todo esto adaptándolo al deportista, sus preferencias y a veces apetencias.

C. TUR. El entrenamiento de fuerza lo planifico durante todo el año, siendo una parte de ejercicios preventivos y estabilizadores y otra de fuerza dinámica. La fuerza empieza la primera semana de trabajo siendo un trabajo de adaptación anatómica y que se alarga más o menos en función del deportista y sus años de experiencia; posteriormente se inicia el trabajo de fuerza máxima y dependiendo de las semanas lo extiendo hasta casi el final de periodo competitivo, siempre intentando que no interfiera con las sesiones de resistencia claves, es decir, evitando los fenómenos de interferencia molecular y aplicando los principios del entrenamiento concurrente para maximizar las dos vías moleculares (fuerza y resistencia).

 

En cuanto a la distribución de la intensidad de la carga, ¿qué porcentajes dedicas a cada zona de entrenamiento según los distintos periodos?

J. MENÉNDEZ DE LUARCA. Antes de las 20 semanas especificas trabajan mucho zonas de velocidad y potencia aeróbica en los tres deportes, para pasar luego a mucho trabajo de umbral en zona de desarrollo (de la semana -20 a la -10) y trabajar luego en zona tempo las últimas 8 semanas, pero siempre hay recordatorios de las zonas más altas en las semanas duras.

E. LLANOS. Para distancia Ironman, en líneas muy generales, esquematizando y resumiendo mucho… Periodo preparatorio: mayor parte del tiempo en Z1-Z2 con algunos entrenamientos de trabajo en Z6 (velocidad). Periodo de base: mayor énfasis en Z4 (umbral) y Z5 (VO2max); en torno al 10-12% en Z4 y/o 5-6% en Z5 para una media de 10h de trabajo total semanal (grupos de edad) y 6-8% en Z4 3-4% en Z5 para triatletas élite o de mayor nivel calculando una semana de 20h de trabajo total. Periodo de desarrollo: énfasis en Z2b (ritmo Ironman), Z3 (tempo-ritmo 70.3), en torno al 50-55% para una semana de 10h totales y 30-36% para una semana de 20h totales de entrenamiento, manteniendo algunos entrenamientos de trabajo en Z5 y/o Z4. Resto Z1 y Z2a. Puesta a punto: mismo esquema que periodo de desarrollo pero disminuyendo de forma progresiva la carga del entrenamiento.

P. CABEZA. Vamos con una propuesta, esto en el caso de un triatleta con experiencia y varios años dedicado a la distancia. Periodo Preparatorio 1: Zona 1= 40%, Zona 2= 35%, Zona 3=10%, Zona 4=5%. Zona 5= 5% y toques anaeróbicos puros y de velocidad otro 5%. Periodo Preparatorio 2: Zona 1=25%, Zona 2=35%, Zona 3=20%, Zona 4=10%, Zona 5=5% y toques anaeróbicos puros y de velocidad otro 5%. Periodo Específico: Zona 1=20%, Zona 2=50%, Zona 3=20%, Zona 4=5%. y toques anaeróbicos puros y velocidad otro 5%. Todo esto sujeto a revisión constante y los toques de inspiración, observación o escucha que consideremos como aplicables.

C. TUR. La distribución de entrenamiento que sigo es mayormente polarizada. En el primer periodo estableciendo una base aeróbica alternada con velocidad o potencias altas, para mejorar la VAM o PAM, en el siguiente período se aumenta un poco más la carga general, y el trabajo de intensidad baja un poco su porcentaje y aumenta el tiempo de trabajo, para en el período final ser aún más largo y el ritmo de competición parecerse al de competición. Esto es a grandes rasgos, siendo específico para cada deportista y momento de periodización a lo largo de un año.

 

¿Cómo afecta la preparación para distancia ironman en el rendimiento para pruebas cortas?

J. MENÉNDEZ DE LUARCA. Para Olímpica y Half no debería ser un gran problema para los populares si se aplican los recordatorios de intensidad mencionados, aunque es cierto que cuando se enfrentan a especialistas del mismo nivel que preparan distancias menores pueden tener algún hándicap, aunque creo que son pruebas tan largas (2-5 horas) que el volumen del Ironman puede ser una ventaja al final de la prueba. Para distancia sprint sí que hay una cierta incompatibilidad si quieren dar lo máximo de sí mismos, pero son pruebas muy divertidas en las que se puede rendir al 90% y pueden ser un buen entrenamiento.

E. LLANOS. Creo que las condiciones para competir en corta distancia del triatleta de larga deberían ser buenas, lógicamente faltaría el trabajo más específico necesario para rendir en las mejores condiciones en corta distancia y es en ese punto donde afectaría la preparación de larga, faltaría especificidad del entrenamiento que dificultaría competir al máximo nivel en corta. Pero en general creo que una planificación para triatlón de larga distancia en ciertas fases del entrenamiento se asemeja bastante a lo que sería una planificación para corta distancia.

P. CABEZA. Esto no tiene una regla general, y depende de las características de cada triatleta.
Para un triatleta popular, la carga de trabajo bien gestionada para un Ironman y posteriormente bien reconducida en un periodo posterior puede incluso beneficiar el rendimiento en pruebas cortas. Para un triatleta de élite, y teniendo en cuenta la especificidad y la exigencia de los ritmos en alta competición, normalmente afectará notable y negativamente al rendimiento, pues las exigencias en cuanto a volumen e intensidad en la preparación confrontan con la carga global que necesariamente se debe adoptar en larga distancia. Y no solo la intensidad y los requisitos en cada segmento, sino la propia dinámica de las pruebas.

C. TUR. En principio el mayor volumen y ritmos más bajos pueden dejar al triatleta más lento, creo que eso sería la característica principal de los entrenamientos orientados a las dos disciplinas.

 

Una pregunta más orientada hacia los triatletas populares, ¿con cuanta experiencia consideras que debe plantearse una persona el objetivo de hacer un ironman?

J. MENÉNDEZ DE LUARCA. Es una pregunta que puede generar polémica en mi respuesta. En mi opinión un entrenador comprometido con una ética del deporte responsable debe hacer ver a sus deportistas que los grandes proyectos requieren grandes inversiones, pero vivimos en la época del “aquí y ahora”. Sin eludir la pregunta, te respondo que un Ironman requiere de mucha experiencia en el entrenamiento de fondo, tanto física como mental, algo que no tiene una persona que dejó de hacer deporte al entrar en el mercado laboral y 15 años de sedentarismo después quiere preparar el Ironman de Lanzarote empezando a entrenar en septiembre. Respeto que lo hagan, pero lo desaconsejo, porque la experiencia no será tan plena, su rendimiento estará muy por debajo de sus capacidades en un proyecto a 3 años y la probabilidad de lesión es muy alta.

E. LLANOS. Primeramente considero que esto es un tema muy personal, hay diferentes motivaciones y circunstancias por las que alguien quiere hacer un Ironman, así como diferentes objetivos. En mi opinión para aquel que quiera hacer un Ironman con garantías y obtener un buen rendimiento lo ideal sería un periodo inicial de 1 a 2 años sumando experiencia en otras distancias, compitiendo primeramente en corta distancia y probando en algún medio Ironman. En función de la experiencia deportiva previa del individuo, este periodo sería mayor o menor. Una vez que esas distancias y esos entrenamientos llevados a cabo están asimilados y experimentados puede ser el momento idóneo para dar el salto al Ironman. Yo personalmente considero que tan importante o más como cruzar la línea de meta y colgarnos la medalla de Finisher es el camino seguido hasta ese momento y lo aprendido durante ese proceso.

P. CABEZA. Aquí hay que tener en cuenta la experiencia previa del deportista en otras modalidades de resistencia. Hay deportistas con un gran bagaje en el atletismo de fondo, la natación o el ciclismo que con tan solo año y medio o dos de entrenamiento de triatlón alcanzan importantes rendimientos. Si bien hay adaptaciones que necesitan de más tiempo y sería deseable una mayor paciencia antes de enfrentarse a una prueba de este calibre. En el caso de los triatletas populares, y siempre que el entrenamiento sea sistemático, hablaríamos de un primer año de descubrimiento del deporte, un segundo de entrenamiento orientado a distancias más cortas, un tercer año de introducción a las cargas más extensivas y podríamos hablar de un cuarto año para debutar.

C. TUR. A día de hoy creo que es básico que cualquier triatleta que se inicia esté un período de 3-4 años sin prisa para hacer un Ironman, esto sería un período mínimo. Es vital que no se quemen etapas, y se hagan distancias esprint y olímpicas sin prisa. Quizás hay una fiebre muy grande por hacer Ironman y colgarse la medalla de finisher a cualquier precio (lesiones, etc.). Evidentemente todo es respetable, pero sí que pienso que los ciclos biológicos de preparación y sobre todo por un tema de salud (cardiovascular, tendinosa, etc.) se deben respetar. Creo que es una prueba muy exigente tanto a nivel físico como mental y estar preparado para ella no es fruto de un año o dos En mi caso como deportista empecé en el año 1996 con el ciclismo y en triatlón en 2002, hasta el año 2016 no he realizado ningún Ironman; sí que he pasado por pruebas sprint, olímpicas, halfs y 6 veces la distancia C; creo que el día que competí en el Ironman tenía la suficiente preparación física y mental para afrontarlo con garantías de dar una buena versión mía y, lo más importante, no hacerme daño. Esto es lo que intento transmitir a mis deportistas, muchas veces cuesta ya que solo ven las distancias largas y creo que es un grave error.