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Artículo publicado en el número 50 de la revista Sportraining (septiembre/octubre 2013)

Autor: Raúl Domínguez Herrera

El flato (o dolor abdominal transitorio, nombre con el que se le conoce en el contexto científico) es la molestia gastrointestinal que se presenta con mayor frecuencia. Y es que, ¿quién no lo ha sufrido alguna vez? Incluso, es más, a muchos de nosotros, muchas veces se nos ha presentado en el peor momento posible, en la gran competición de la temporada. Sin duda alguna, tomar estrategias para prevenir este dolor, debe de ser una prioridad en todo momento. Sin embargo, para tomar medidas, debemos en primer lugar partir de cuál es su verdadero origen.

Contextualización

Las molestias gastrointestinales durante la actividad deportiva son frecuentes y limitan claramente el rendimiento deportivo. Estas molestias, podrían parecernos lógicas, si tenemos en cuenta que mientras realizamos ejercicio el flujo sanguíneo se redistribuye, con respecto a las condiciones de reposo, destinando flujo sanguíneo de distintos órganos y sistemas como el riñón o el aparato digestivo a los músculos que se encuentran trabajando y a la piel. Esta restricción se ha cifrado en el área esplánica en torno al 56%, explicando con ello necrosis, con las consecuentes pérdidas de hierro que se producen, incluso podrían tener relación con disturbios gastrointestinales típicos de los deportes de resistencia.

Antes de buscar las causas que originan el flato o dolor abdominal transitorio, debemos de proceder a definirlo. El máximo investigador en esta área, el doctor Morton (2003), definió al flato como un dolor agudo principalmente punzante cuando es grave y manifestado en forma de calambre, dolor o tirantez cuando es menos intenso. Su manifestación puede tener lugar en cualquier lugar del abdomen, siendo más común su aparición en la parte lateral del área central del abdomen, aunque, también, puede asociarse con dolor en el hombro y, por supuesto, puede ser un factor que limite el rendimiento deportivo.

En cuanto a las consideraciones de este dolor, indicar que los deportistas que experimentan flato con mayor frecuencia, son los que lo sufren con una mayor intensidad. Además, habría que destacar que existen factores que parecen asociarse con este dolor como son la edad (siendo más frecuente en los deportistas jóvenes), nivel (más frecuente en los deportistas más inexpertos) y nivel de entrenamiento (más frecuente a comienzos de entrenamiento o tras subidas repentinas de la intensidad del entrenamiento) (Waterman y Kapur, 2012). De ello, podemos deducir, que tanto el grado de entrenamiento, la experiencia y la programación del entrenamiento podrán ser piezas claves en la posibilidad de aparición de dolor abdominal transitorio.

A la hora de contextualizar este dolor, otra consideración debe de ser la de preguntarse si tiene alguna relación con la modalidad practicada. En ese sentido, creo que muchos os vais a sorprender. Con frecuencia, solemos asociar el flato a deportes de resistencia, pues bien, al analizar a más de un millar de deportistas se registró mayores posibilidades de sufrir flato en jinetes (62%) con respecto a ciclistas (32%), si bien, las dos modalidades que lideraban el ranking eran la natación (75%) y la carrera de resistencia (69%) (Morton y Callister, 2000). Así, en general, se afirma que el flato es más característico de aquellas modalidades que conllevan un desplazamiento vertical del cuerpo.

Teorías explicativas del flato

Las teorías acerca de la difusa etiología del dolor abdominal transitorio son diversas, manteniéndose muchas de ellas, a pesar de que científicamente están descartadas.

Isquemia diafragmática: Desde que Capps y Coleman allá por el año 1922 enunciasen esta teoría, han sido muchos sus adeptos. Sin embargo, si tenemos en cuenta la alta prevalencia en jinetes, que no tienen unas altas demandas respiratorias, se cuestionaría directamente esta teoría explicativa. Para desmitificar esta teoría, Morton y Callister, no observaron ningún cambio en una ergoespirometría durante episodios sintomáticos, ni tampoco reducción en el rendimiento inspiratorio. Por su parte, Dimeo, Peters y Guderian (2004) tampoco pudieron correlacionar reducciones en el flujo de sangre abdominal y dolor durante el esfuerzo.

Tensión ligamentosa subdiafragmática: Morton (2003) descarta esta teoría, debido a la variedad de puntos donde se presenta el dolor, así como su aparición durante la natación.

Calambre muscular: Precisamente, la diversidad de puntos en los que aparece este dolor, habían servido para que surgiese la teoría mediante la cual este dolor no sería más que la consecuencia de un calambre muscular. Sin embargo, Morton y Callister (2006), para comprobar la veracidad de esta teoría hicieron mediciones mediante electromiografía, con objeto de estudiar la actividad electromiográfica en momentos de aparición del dolor y en los momentos posteriores. Sin embargo, en dicho estudio no se pudo establecer ningún tipo de asociación entre el dolor abdominal transitorio y alteraciones en la actividad electromiográfica.

Irritación del peritoneo: Morton y Callister (2000) proponen esta teoría, basándose en los diversos puntos por los que se extiende el dolor, así como por la posible relación entre la parte subdiafragmática del peritoneo con el nervio frénico, lo que explicaría la asociación entre el dolor abdominal transitorio o flato con el dolor de hombro. De este modo, el dolor abdominal transitorio no sería más que la irritación por fricción, debido al incremento de la cavidad peritoneal (Morton y Callister, 2000).

De este modo, parece que la verdadera etiología del flato se debe a una irritación del peritoneo, fruto del incremento de alguna víscera, por ejemplo. Por lo tanto, las alteraciones en el flujo sanguíneo durante el ejercicio, junto con los líquidos o alimentos ingeridos, podrían ser los responsables de la aparición del flato. En este sentido, todo hace indicar que un cúmulo de comida o líquido a lo largo del aparato digestivo, podría ocasionar una irritación del peritoneo que daría lugar a la aparición de dolor.

Sabías que:
• Los deportistas que sufren flato con mayor frecuencia, son los que lo sufren con mayor intensidad.
• El flato es más frecuente en los deportistas más jóvenes o en los deportistas con menor experiencia.
• A comienzos de temporada, la tasa de prevalencia es mayor.
• Una causa puede ser un cambio brusco en la intensidad del entrenamiento.
• El flato es más común en los deportes de equipo o incluso en equitación que en deportes de resistencia que no implican un desplazamiento vertical del cuerpo, como el ciclismo.
• La causa del flato radica en una irritación del peritoneo por fricción.
• El incremento de alguna víscera, por la acumulación de alimentos o bebida, por ejemplo, podría originar dolor.
• Hay que tomar medidas para que antes y durante el ejercicio, haya un correcto vaciado gástrico.
• La prevención del flato debería de incluir unas determinadas pautas dietético-nutricionales, en combinación con un programa que mejore la alineación de la columna vertebral.

Medidas para prevenir la irritación del peritoneo

Como acabamos de ver en el apartado anterior, por tanto, las principales medidas para prevenir el dolor abdominal transitorio pasan por intentar facilitar el vaciado gástrico, con objeto de evitar la inflamación del peritoneo. Con objeto de saber cuáles son las medidas que se han demostrado en distintos estudios que afectan no sólo al vaciado gástrico, sino que también lo han relacionado directamente con el flato o dolor abdominal transitorio, debemos de remitirnos a la tabla 1.

Presentación1

Tabla 1: Factores que se han demostrado en distintos estudios que se relacionan con el dolor abdominal transitorio, junto a las medidas prácticas que debemos de considerar con fines preventivos. Adaptado de Domínguez (2013).
DAT: Dolor abdominal transitorio; HC: Hidratos de carbono.

Flato y variables antropométricas

Por último, deberíamos de destacar que existen evidencias que correlacionan desalineaciones del raquis con la aparición de dolor abdominal transitorio. Así, en un estudio curioso de caso, se ha documentado como en un triatleta que realizó un mal ajuste en su bicicleta, que le conllevaba a adoptar una actitud que incrementaba su cifosis, hizo que sufriera frecuentemente episodios de dolor abdominal transitorio (Muir, 2009). El cambio en el ajuste de su bicicleta, junto con unas pautas dietético-nutricionales (en este sentido, no olvidemos las expuestas anteriormente), junto con una serie de estiramientos, tuvo un efecto beneficioso. En este sentido, Morton y Aune (2004) también han informado de mejoras positivas al combinar tratamientos manuales en la espalda junto con ejercicios de estiramientos y de movilización de la caja torácica.

IMG_0920Es por ello que, aunque pueda parecer curioso, dentro del programa para prevenir el dolor abdominal transitorio, deberíamos de incluir un programa de mejora de la alineación de la columna vertebral. En este sentido, debemos de interiorizar un adecuado esquema corporal, insistiendo en el trabajo de la musculatura profunda del tronco, en combinación con unos estiramientos de cuadrado lumbar, glúteo, psoas e isquiotibial, ejercicios de movilidad de la caja torácica y considerar la opción de integrar un tratamiento de fisioterapia.

Conclusiones prácticas para prevenir la aparición del flato

• Ser conscientes de que, a medida que avancemos en los años de entrenamiento sistemático, la probabilidad de aparición de este dolor será menor.
• Tener mucho cuidado con los incrementos de la carga de entrenamiento (sobre todo, en base a la intensidad del entrenamiento) y, de manera especial en las primeras fases de la temporada. El incremento de la carga deberá de ser siempre progresivo.
• Incluir un programa para mejorar la alineación del raquis que incluya: ejercicios de fortalecimiento de la musculatura profunda del tronco (core), ejercicios de movilidad de la caja torácica y manipulaciones (estas dos medidas debería realizarlas un fisioterapeuta), así como estiramientos –al menos de glúteos, psoas, cuadrado lumbar e isquiotibiales.
• Evitar ingerir grandes cantidades de alimentos o de refrescos en las dos horas previas al ejercicio.
• Asegurar un adecuado estado de hidratación antes del ejercicio y durante, reponiendo las pérdidas que se producen durante el mismo.
• Optar por bebidas isotónicas o hipotónicas y, no sobrepasar la ingesta de 60-80 gramos/hora de hidratos de carbono (considerando el aporte de la bebida y de los alimentos sólidos).

Referencias bibliográficas:
1. Dimeo, F.C., Peters, J. y Guderian, H. (2004). Abdominal pain in long distance runners: case report and analysis of the literature. British Journal of Sports Medicine, 38.
2. Domínguez, R. (2013a). Aproximación al dolor abdominal transitorio. Apuntes del Máster de Fisiología del Ejercicio. Universidad de Barcelona – Editorial Médica Panamericana.
3. Morton, D. (2003). Exercise-related transient abdominal pain. British Journal of Sports Medicine, 37 (4), 287-288.
4. Morton, D.P. y Aune, T. (2004). Runner´s stitch and the thoracic spine. British Journal of Sports Medicine, 38 (2), 240.
5. Morton, D.P. y Callister, R. (2000). Characteristics and etiology of exercise-related transient abdominal pain. Medicine in Science Sports and Exercise, 32, 432-438.
6. Morton, D.P. y Callister, R. (2006). Spirometry measurements during an episode of exercise-related transient abdominal pain. International Journal of Sports and Physiology and Performance, 1 (4), 336-346.
7. Muir, B. (2009). Exercise related transient abdominal pain: a case report and review of the literature. Journal of the Canadian Chiropratic Association, 53 (4), 251-260.
8. Waterman. J.J. y Kapur, R. (2012). Upper gastrointestinal issues in athletes. Current Sports Medicine Reports, 11 (2), 99-104.