Foto: Tri Challenge

 

Autor: Marcelo Bresin (Entrenador de patinaje de velocidad por la Federación italiana)

 

 

Si bien el “Principio de Especificidad” tiene precedencia absoluta cuando se habla de entrenamiento en términos generales (es decir, ¿para qué me voy a entrenar sobre patines si competiré en bicicleta?), en baja temporada no solo es útil sino casi obligatorio variar el método con el cual mantenerse en forma. Sin entrar en detalles sobre los beneficios que este cambio metodológico temporal brinda al atleta (fisiológicos en particular, aunque la lista es más bien larga), me limitaré a referir el que, en mi opinión, es el más valioso: diversión.

En la medida en que hayamos progresado técnicamente (por supuesto contando con material adecuado), cada salida sobre patines habrá sido más y más placentera, y nos habrá costado menos esfuerzo recorrer más y más kilómetros. En efecto, la ventaja que tiene esta disciplina sobre otras –por ejemplo la natación- es que permite ejercitarse incluso a intensidades altas (y por supuesto con las mismas o incluso mayores adaptaciones fisiológicas) mientras se goza del panorama, se comparte una charla amena con compañeros, se escucha música…, en fin, se asemeja mucho al ciclismo también en estos aspectos.

 

 

¿Cómo trasladar los beneficios del patinaje a otras disciplinas?

Considerando los mecanismos energéticos del organismo (aeróbico y anaeróbico), y teniendo en cuenta que la mayoría de quienes esto leen se especializan en disciplinas de largo aliento, no hay mucho espacio para la especulación: lo más útil serán las metodologías del entrenamiento de fondo.

Cuando se trata de deportes de resistencia, recordemos que existen dos factores igualmente importantes que determinan el rendimiento: resistencia aeróbica (central) y resistencia muscular (periférica). La primera es fácilmente transferible entre disciplinas que requieren un considerable consumo aeróbico, pero no se puede decir lo mismo de la segunda. Esto es debido a que las adaptaciones a nivel muscular son altamente especializadas, según cómo y con qué se entrenen: lo que se obtenga a nivel periférico con una disciplina es escasamente transferible a otra.

Dicho eso, es posible establecer una correlación entre las disciplinas que interesan a los lectores de esta revista y el patinaje de velocidad, en cuanto a intensidad y volumen de entrenamiento. Veamos el caso del triatlón: mi experiencia en natación es casi nula, pero puedo aducir que sin duda el patinaje brindará un complemento útil a los segmentos carrera/ciclismo del triatleta. En realidad, es fácil demostrar que el patinaje incluye elementos comunes a ambas disciplinas (cadencia, motricidad cíclica, umbrales anaeróbicos similares, etc.), por lo que constituye una válida alternativa de entrenamiento fuera de la temporada de competición o en caso de una lesión que impida entrenarse en alguna especialidad. Por ejemplo, el infame síndrome de “rodilla del corredor” por lo general no suele dar problemas a la hora de patinar, dado el casi nulo impacto que tiene sobre las articulaciones.
Más en lo específico y como ya se mencionó anteriormente, las similitudes entre el patinaje y el ciclismo abundan: no es por nada que los patinadores profesionales utilizan la bicicleta como imprescindible medio de entrenamiento. Por otro lado, el ciclista experto que se adentre en las competiciones sobre patines en carretera, notará con agrado que las tácticas y estrategias empleadas son prácticamente las mismas que las que adoptan los equipos de ciclismo.

¡Importante! Antes de planificar sesiones de cross-training de larga distancia, lo recomendable es que se dediquen por lo menos un par de semanas a la adaptación, en las cuales trabajar la técnica (especialmente al comenzar cada sesión), adicionando progresivamente kilómetros. Así, con el tiempo el patinador logrará, por el simple hecho de aplicar una técnica correcta, recorrer cada vez mayores distancias y concentrarse en el aspecto entrenable del patinaje, si así lo desea.

Foto: Maratón Internacional Pamplona Puente La Reina

En la práctica

Cualquiera que sea nuestra disciplina favorita, si el objetivo es entrenar distancias de largo aliento, los mismos principios que en ellas aplicamos serán válidos también en el patinaje. Con una ligera diferencia: a paridad de ritmo cardíaco, a nivel metabólico se estará consumiendo más energía sobre patines que en cualquier otro deporte a excepción de la natación y, en menor medida, el remo. Así, al que le guste sufrir durante los entrenamientos habrá encontrado “pan para su boca” en el patinaje”.
Prerrogativa: Antes de adentrarnos en la práctica, es muy importante señalar que el entrenamiento de fondo sobre patines será rentable si, y solo, el atleta puede expresar una técnica decente. En caso contrario, simplemente no logrará completar largas distancias y, peor aún, no podrá disfrutar de la experiencia. Recomiendo pues ir adquiriendo gradualmente confianza con el medio, aplicando los consejos y directivas presentados en los artículos anteriores, hasta sentirse lo suficientemente seguro sobre los patines como para afrontar decenas de kilómetros sin sentir la necesidad de no alejarse mucho de casa…
Lugar: A evitar de manera absoluta calles con tráfico (en general, está prohibido circular en  patines por carreteras). He visto muchas urbanizaciones cerradas/por construir con asfalto decente. Aunque haya que dar muchas vueltas, es preferible a ser atropellados, ¿no? Los circuitos ciclísticos cerrados suelen prestarse muy bien para la práctica del patinaje de fondo, aunque no abundan. Los carriles bici en cambio son una buena alternativa, pero normalmente son estrechos y no siempre están libres de tráfico (rodado, peatonal, canino, etc.). Por último, quedan las pistas de patinaje propiamente dichas, que no recomiendo a quienes se inician en esto (y de todas formas hay muy pocas en toda España). Lo importante es la seguridad.

Seguridad: Seleccionar un sitio aislado, patinar en compañía de al menos una persona, tener mucho cuidado en todo momento y darse cuenta de que, en caso de accidente, ¡lo más probable es que la responsabilidad caiga sobre el patinador!


Método: Si el lector está acostumbrado a entrenarse con pulsómetro, tendrá este aspecto facilitado. Así, lo que considere umbral aeróbico en su disciplina podrá aplicarse también en el patinaje, aunque notará que el ritmo/cadencia deberá ser ligeramente inferior sobre patines, por ese diferencial metabólico que señalamos anteriormente. O sea, notará que a menor intensidad respecto a su disciplina original, mayor número de pulsaciones sobre patines (salvo, lo repito, en el caso de la natación). Lo cual será una agradable sorpresa: podrá entrenarse con la misma intensidad pero sufriendo menos que, por ejemplo, corriendo. Si en cambio el atleta prefiere acercarse a su umbral anaeróbico, notará que sobre patines lo logra más rápidamente y le será más difícil mantenerlo en el tiempo. Como apunté anteriormente, el que busque sufrimiento lo obtendrá en abundancia con el patinaje. Es uno de los deportes más duros que hay, como descubriréis con la práctica asidua. Si en cambio se entrena habitualmente en base a ritmos/cadencias/distancias, será difícil establecer un parámetro de comparación con los patines. Sugiero utilizar un GPS y durante un tiempo ir tomando nota de las distancias recorridas y las velocidades, adaptando gradualmente ambas según la necesidad del atleta.
En ambos casos, es menester programar siempre los mesociclos que se crean convenientes para este período pre-competitivo.

Si en cambio lo que se busca es solo un período de descanso activo, no hay que complicarse tanto la vida: calzarse los patines y salir a pasear al ritmo que más satisfacción dé. Por ejemplo, unos veinte kilómetros a una media de 20-25km/h no son excesivos para un principiante que domine una técnica decente, pero son más que suficientes para quemar unas ¡2000 calorías!  Y seguramente serán más divertidos que quemarlas en otras disciplinas.