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Por HILARIO REAL MILLAS (psicólogo deportivo, coach y triatleta). No dejes de visitar su nuevo blog www.hilarioreal.com

Son muchas las opiniones que estoy leyendo sobre lo que sucedió en Cozumel. Admiración por parte de los triatletas de otros países, división de opiniones entre los españoles. Yo creo que fue realmente entrañable y por ello se está hablando de triatlón y eso es bueno. Además, el triatlón para el gran público ha ganado respeto.

Lo que realmente despierta mi curiosidad es cómo pudo llegar a ese estado Jonathan Brownlee; cómo es posible que la mente mande “más madera” cuando el cuerpo ya no tiene más por quemar, ¿cómo de hondo hay que cavar en la tolerancia al sufrimiento para llegar a ese estado? Me resulta sorprendente el tiempo que ha podido mantenerse “entero” antes de desfallecer.

Lo que le sucedió a Jonny es diferente a lo típico que podemos ver en aquellos que por la falta de entrenamiento carecen del entendimiento mente-cuerpo. Sus cerebros mandan “arreones” que los cuerpos no soportan y en una de esas el sistema dice basta y viene el desfallecimiento. No es uno de los que desbocados terminan siendo noticia en la crónica de sucesos; no es de los que deben invertir más tiempo con las zapatillas entrenando en vez de contemplando vídeos motivaciones.

El suyo tampoco ha sido uno de esos casos en los que la mente trata de ganar al dolor y sufrimiento bien localizado. No ha sido uno de aquellos que saben aguantar una molestia durante una o dos horas; de los que aguantan andando durante una docena de kilómetros en un Ironman.

El cerebro quiere, pero el cuerpo se va apagando lentamente hasta llegar a mínimos; ni lo suficiente mal para rendirse, ni tan bien como para terminar corriendo. Un mal día o quizá más voluntad que entrenamiento.

¿Cómo se puede llegar al nivel del británico?  Ni podemos decir que no sabía dónde se metía ni que tiene falta de entrenamiento. Jonny es un tipo duro, sabe lo que se hace, ha ganado triatlones y hace unas semanas estaba en el “Olimpo”. Él no se apagó progresivamente durante 3 ó 4 kilómetros como a tantos nos ha sucedido compitiendo; ya sabes… cuando no vas y progresivamente terminas arrastrándote, esas competiciones en las que te pasan la mitad de los participantes y cruzas la meta por orgullo.

No fue así, el “hermanísimo” iba en primera posición, durante 9,8 km corrió realmente rápido, la mente no mandó frenar, parece que fue el cuerpo.

¿Cómo se llega a ese nivel? ¿Qué le devuelve el cuerpo al cerebro durante los entrenamientos, salvajes imagino, para llegar a tolerar ese sufrimiento? ¿Con qué dureza se entrena para normalizarlo? No puedo imaginarme de qué manera ha debido sufrir Jonathan Brownlee en la sombra para llegar al todo o nada, sin que el cerebro parase en el trayecto. Desde luego hay que cavar muy profundo para anular tal sufrimiento.

Nadar 1500 metros a ese ritmo, aguantar esa intensidad en bicicleta, correr a 3 minutos por km y llevar la mente “entera” durante tanto tiempo. Cosas de triatletas legendarios. Por favor, no cometamos el error de mirarnos en ese espejo.