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Por HILARIO REAL MILLAS (psicólogo deportivo, coach y triatleta). No dejes de visitar su nuevo blog www.hilarioreal.com

Esperaban verme caer, deseaban mi fracaso, trataban activa y pasivamente de generar una atmósfera de incomodidad para que yo me marchase por donde había llegado, no les importaba dañarse a ellos mismos para dejarme fatalmente herido. Pero ellos no sabían que hacía triatlón.

Quizá quien no ha competido en el triatlón de Cuenca a más de 35 grados de temperatura o bajo una torrencial tormenta en Fuente-Alamo hubiese sucumbido, quizá quien no ha nadado en las aguas del frío Miño con la presión de mantener a su equipo en primera división hubiese claudicado… Quien esperaba que me viniese abajo no sabía que los triatletas terminamos las carreras aunque estemos magullados, por ello erraron es sus expectativas de verme abandonar, ahora sabrán de que pasta estamos hechos.

El triatlón es un deporte además de un entrenamiento para la vida, para esa cara de  más “real” y no tan bonita de la vida; quien lo ha competido bien lo sabe. Si uno supera la cantidad de golpes que se reciben cuando se nada en una salida con varios centenares de competidores, las enormes olas, las medusas o simplemente el agua gélida, entonces está listo para un una nueva prueba de sufrimiento: montar en bicicleta. Kilómetros de soledad sin perder la postura, pedaladas con más esperanza que potencia o la errónea y terrible sensación de creer que la rueda está frenada. Esfuerzos sobrehumanos e irracionales para coger el grupo y también para no perderlo. Días en los que las piernas no funcionan aunque se tiene la esperanza de que lo hagan cuando empiezas a correr y es entonces cuando comienzas a sufrir lo insufrible. Un dolor soportable cuando eres capaz de correr a buen ritmo, insoportable cuando vas despacio. Te preguntas por qué lo haces y te ves solo tratando de no naufragar en un mar de calambres, flato, sed, hambre y sobre todo cansancio… pero siempre, siempre se sale a flote. ¿Retirarse? ¿Qué es eso de retirarse?

No terminé cuando mi bicicleta dejo de funcionar, abandoné cuando de un momento a otro caí desplomado perdiendo el sentido. Terminé en urgencias pero nunca a un lado contemplando a los demás cruzando la meta. No me retiré cuando rompí mi casco en media docena de pedazos, no lo hice cuando mi cuerpo estaba vacío ni tampoco cuando apenas podía andar y aun quedaban 20 km por delante. ¿Crees que me vas a asfixiar con un comentario o con una fea acción? ¿Qué son tus intentos de minimizarme con tu impertinente manera de exhibir estatus? ¿Qué es tu obsesión por incomodar al lado de todo eso que he vivido nadando, montando en bici y corriendo? ¿De verdad crees que me ibas a hacer abandonar por ello? Piénsatelo dos veces cuando des con un triatleta.

Debes saber que cuando llegan los problemas hay dos opciones: abandonar o continuar. Es sencillo, si decides seguir adelante te haces más fuerte. Cruzar la meta después del sufrimiento es además de glorioso toda una lección a tu cuerpo y mente. Lo llaman tolerancia a la frustración, determinación… Quien termina un triatlón bien sufrido, afronta los problemas de la vida cotidiana de otra manera, quien logra cruzar la meta después de haberse arrastrado a buen seguro será más difícil tumbarle por muchos golpes que reciba.

No sabían que hacía triatlón, que he aprendido a lidiar con las hostilidades. Esperaban que el “soft bulling” me hiciese llorar, que perdiera la compostura, esperaban que los ataques minaran mi confianza como sucedió con otros. Jugaron a ser tiranos pero no eran conscientes del error que cometían, no tuvieron en cuenta que lo mismo que los triatlones más duros, ellos me estaban haciendo más fuerte.

No sabían que yo hacía triatlón y por eso cometieron el error de ponérmelo más difícil, querían debilitarme y sin saberlo me estaban entrenando. No contaban con que nosotros después de una mala carrera volvemos con más fuerza, que a un triatleta le hace más vulnerable una victoria que una derrota.

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