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Texto extraído del artículo titulado «Biomecánica aplicada al ciclismo. Aerodinámica, técnica de pedaleo y otras cuestiones relacionadas» publicado en la revista Sportraining nº 45 (nov.-dic. 2012). Autor: Yago Alcalde Gordillo.

 

A la hora de entrenar ciclismo, un factor muy importante que no debemos pasar desapercibido es la elección del material: bicicleta y accesorios (ver BikeStocks). Para ello debemos tener en cuenta nuestras características físicas pero también nuestro grado de tiempo y dedicación, ya que no tendrá las mismas necesidades el ciclista de fin de semana que el que entrena para competir; y por supuesto no nos podemos olvidar de nuestro presupuesto, pero ya sabemos que buscando bien y con paciencia podremos encontrar lo que necesitamos a un buen precio.

Por otra parte, la posición del ciclista sobre la bicicleta así como su forma de pedalear, están consideradas como uno de los grandes factores que determinan el rendimiento. La dinámica del ciclista tiene una gran influencia sobre la aerodinámica, la eficiencia, la comodidad o la prevención de lesiones.

Foto 1El análisis biomecánico del ciclista, también denominado ´bikefitting´, siempre ha sido un tema que ha despertado mucho interés dentro de la comunidad ciclista, tanto a nivel de los propios usuarios como por parte de los técnicos especializados en el entrenamiento aplicado al ciclismo. Sin embargo, desde un punto de vista científico, no se han producido suficientes hallazgos lo suficientemente determinantes como para llegar a unos consensos generales sobre la posición ideal del ciclista. Esta circunstancia posiblemente determina la existencia de las diferentes teorías y metodologías de trabajo existentes a día de hoy a la hora de llevar a cabo un análisis biomecánico. La experiencia de cada ciclista así como la posibilidad de realizar algún tipo de análisis biomecánico hace que se adopten una gran cantidad de posiciones sobre la bici, desde las más optimizadas hasta aquellas que no solo no son las más eficientes sino que favorecen el desarrollo de diferentes lesiones, principalmente por sobrecarga muscular y/o tendinosa. Asimismo, se encuentran muchos escritos y productos sobre los beneficios aerodinámicos que no gozan del suficiente respaldo científico que certifique estas supuestas ganancias.

La altura del sillín
De entre las diferentes medidas que determinan la posición del ciclista sobre la bicicleta, la altura del sillín siempre ha sido el ajuste más investigado, posiblemente porque sea el factor que más influencia puede tener sobre el rendimiento en sus dos facetas: eficiencia del pedaleo y prevención de lesiones. En la literatura encontramos diversos métodos para determinar la altura del sillín adecuada:
• La distancia entre el sillín y el eje del pedal es equivalente al 109% de la longitud de la entrepierna.

• La distancia entre el sillín y el eje del pedalier es equivalente al 88,3% de la longitud de la entrepierna.

• Con el pedal situado en su posición más baja, la altura del sillín se determina colocando el talón sobre el pedal, siendo correcta su posición cuando la rodilla se encuentra totalmente estirada.

• Se busca que la rodilla tenga un ángulo comprendido entre los 25 y los 35 grados cuando el pedal está en la parte más baja de la pedalada.

Entre estos métodos, se considera que quizá el más preciso sea el de la medición del ángulo de trabajo de la rodilla, básicamente porque los basados en la medición estática del ciclista pueden tener un mayor margen de error en cuanto a su medición inicial Además, no tienen en cuenta ni la técnica de pedaleo del ciclista (diferentes angulaciones de tobillo) ni las características de algunos componentes empleados: zapatillas (diferentes grosores de la suela), tipo de pedal (diferentes distancias entre el pie y el pedal), colocación de la cala (más o menos adelantada) o longitud de la biela (método basado en la distancia entre el eje del pedalier y el sillín). Para que la medición del ángulo de la rodilla sea lo más precisa posible se recomienda que se realice de forma dinámica, es decir, mientras el ciclista pedalea. Principalmente porque así se tiene en cuenta la técnica del pedaleo del ciclista, en concreto, la dinámica de la angulación del tobillo (flexión y extensión), que es la encargada de transmitir la fuerza generada por los glúteos y los cuádriceps sobre los pedales. Este análisis se puede realizar mediante el análisis de imágenes grabadas o con sistemas más sofisticados de captura de movimiento como Retül o Vicon. Los diferentes métodos aplicados para la el ajuste de la altura del sillín también se aplican a los demás ajustes de la bicicleta: avance-retroceso del sillín y ajuste vertical y horizontal del manillar.

Comodidad
Muy relacionada con las lesiones o los dolores está el concepto de la comodidad, que es otro de los objetivos que se persiguen a través del análisis biomecánico. La comodidad definida como una posición que se percibe como fácil o que implica poco esfuerzo. Cuando un ciclista se encuentra cómodo sobre la bici es más fácil que maximice su rendimiento, ya que puede orientar toda su energía hacia el propio esfuerzo de pedalear. El problema asociado con la comodidad es que muchas veces la posición más cómoda no es la más eficiente o la más aerodinámica. En este sentido, el verdadero reto consiste en conseguir una posición que permita aunar ambos objetivos: comodidad y rendimiento óptimo. Es importante señalar que el término “comodidad” siempre debe ir ligado a la duración de prueba en cuestión, ya que no es lo mismo disputar una prueba de ruta de seis horas que una prueba de pista de un minuto de duración. Como es lógico, el factor comodidad adquiere mayor importancia cuanto mayor es la duración del evento.

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La mecánica del pedaleo
El gesto de pedalear conlleva una mecánica, que consiste básicamente en aplicar una serie de fuerzas sobre los pedales. La fuerza que se aplica sobre el pedal se descompone en dos tipos de fuerzas: radial y tangencial. La radial es la fuerza que se aplica en dirección al eje del pedalier, mientras que la tangencial es la que se aplica de forma perpendicular al eje, haciendo que el pedal se mueva. La potencia que se produce al pedalear depende de dos factores: el torque o momento de fuerza en el pedal así como la cadencia a la que se pedalee. El torque depende de la fuerza tangencial y de la longitud de la biela. El torque, o la fuerza que se aplica sobre los pedales, alcanza su valor máximo cuando la biela se sitúa en la mitad de la parte descendente del pedal, es decir, cuando está situada a 90 grados. Desde este momento hasta que el pedal llega a la parte baja de la pedalada la fuerza va disminuyendo. Cuando el pedal supera la parte más baja, esta fuerza se convierte en negativa prácticamente hasta que el pedal llega a su posición más elevada. Esta fuerza negativa no significa que la función muscular sea ineficiente. Se debe a que todas las fuerzas que se aplican sobre el pedal no son únicamente las que generan los músculos al contraerse. También influye la fuerza del propio peso de las piernas así como la fuerza inercial que se genera en la rotación de los pedales. De hecho, durante la fase ascendente del pedal las fuerzas musculares son positivas, y por lo tanto, no es necesario que el ciclista trate de pedalear tirando hacia arriba del pedal, digamos que ya está haciéndolo. El problema es que es imposible contrarrestar las fuerzas que no son generadas por los músculos. No existe evidencia que demuestre una mejor eficiencia de pedaleo cuando se hace énfasis en tirar del pedal hacia arriba. Existen teorías o dispositivos que proclaman una mayor eficiencia del pedaleo cuando se distribuye la aplicación de la fuerza de forma más gradual a lo largo de la pedalada en vez de concentrar la aplicación de la fuerza en el momento en el que el pedal está en 90 grados. Estas teorías no han demostrado que se consiga un pedaleo más eficiente.

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