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Hilario Real Millas. Licenciado en Psicología clínica por la universidad complutense de Madrid. Coach certificado en Life y Executive coaching en el Instituto Europeo de coaching, Coaching sistemico de equipos en la escuela Lider Haz Go y coaching deportivo en la Federación Madrileña de Natación con experiencia desde 2011. Entrenador de natación y Ciclo Indoor. Autor del blog www.edlitamcoaching.com y de artículos en varios medios así como de conferencias de deporte y motivación. Triatleta Elite en España y Australia desde 2006.

 

 

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Foto: Diego Santamaría (www.santafotografia.com)

Me aburren esos triatletas que siempre tienen buenas carreras, los que terminan en la misma posición en cada una de sus competiciones, los que no dibujan muecas de sufrimiento, esos que van cómodos en el grupo de bici, los que no se enganchan a nadie en carrera a pie, esos que saludan, los que se acuerdan del circuito en el que han competido… ¡Me aburren esos triatletas que nunca revientan!

Recuerdo que fue en Ferrol, en mi segundo campeonato de España. En carrera a pie lo adelanté, luego me adelantó y finalmente le adelanté de nuevo con mi ritmo de 3:50, ¡sin duda el chico había pegado la petada de su vida! Todos sabéis que todo buen triatleta pasa por muchos ciclos y compite muchas temporadas. Años después ese mismo joven que vivió su particular calvario en Ferrol ha sido subcampeón y finalmente campeón de España.

Los hay que les preguntas y siempre te dicen que ¡bien!, que normalmente terminan contentos, frescos, hablando sonriendo… A íi esos triatletas no me gustan. Me gustan esos que se sabe que van a que van a terminar entre los 5 primeros y no tienen el día, se hunden y terminan; y repito, terminan el 50 y tantos. A mí me gustan esos que cogen la rueda, pasan relevos y solo dejan el grupo si revientan, esos que empiezan corriendo a un ritmo de escándalo y ni piensan en si van a aguantarlo, y es que muchas veces lo hacen y ganan carreras. Son triatletas con mentes privilegiadas capaces de anular la sensación de sufrimiento que envían las piernas, esos que tan solo se detienen cuando son sus músculos los que dejan de funcionar y no por la señal de alerta que manda el cerebro.

La gloria en el triatlón no es para conservadores, ellos no van a variar mucho en sus resultados a lo largo de los años; no van a irse a casa decepcionados ni tampoco efusivos por haberse superado. Nunca llegan a ponerlo todo por miedo a pasarse y no aguantar, ellos no van a experimentar algo diferente a la sensación de terminar un triatlón, no sentirán más allá de la satisfacción del trabajo bien hecho y eso, para los que un solo deporte no es suficiente, sabe a poco.

A mí me gustan los triatletas que entrenan y compiten con rabia, euforia… esos a los que se les sale el corazón cuando están esperando el bocinazo de salida, me gustan esos locos a los que se les ponen los pelos de punta cuando cierran los ojos y se visualizan dentro de la carrera, esos triatletas que utilizan sus emociones como alas en las competiciones.